Después de casi un año de guerra, continúa la batalla a lo largo del muro de la vergüenza que separa ambos lados del Sáhara Occidental.


Por Bachir Habub/ECS

Madrid (ECS).- La gente a la hora del té de la tarde sigue compartiendo las noticias del día a día. Hoy con ayuda de las redes sociales, con algunas más que con otras. Se informan de todo lo sucedido.

La pasada noche el llanto de la madre de uno de los mártires de 27 años no cesó hasta la entrada del alba. Nadie del barrio durmió, y de algún modo sufrió lo que aquella madre había sufrido. Todos conocíamos a aquel joven y todos tenemos a algún pariente en el frente. 

Los que estudiamos en otros países, lejos de nuestras familias, y regresamos de nuevo a los campamentos de refugiados, siempre tendemos a recordar etapas anteriores y ver los diferentes cambios que se han sucedido en nuestra ausencia.

Es evidente que el refugio que lleva el pueblo saharaui se ha prolongado más de la cuenta, sin que la misión de Naciones Unidas, "La Minurso", lleve a cabo su objetivo. A pesar de que en el 1991 se firmó el alto el fuego, los refugiados saharauis siguen conviviendo con un exilio que es letal y las nuevas generaciones lo tienen presente. Tampoco nos olvidamos de los territorios ocupados, donde los derechos humanos son violados diariamente; un ejemplo claro de ello es Sultana Jaya y su familia.

Con esto quiero decir que los saharauis sufren un refugio de casi medio siglo. El escenario de la pandemia a nivel mundial no ha hecho más que agudizar la situación.

Es triste ver cómo la única salida de un pueblo pacífico sea la lucha a través de la vuelta a las armas, a la guerra y al martirio.

Es triste ver como el lobby marroquí se enriquece a base de la vida de otros seres humanos y la explotación de sus recursos.

Es triste ver como países que se denominan democráticos recurren sentencias claras del Tribunal de Justicia Europea por meros intereses económicos.

El té de esta tarde acaba con un silencio. Después de ver la foto del joven fallecido por los misiles de un dron marroquí. Todas las familias acuden a dar el pésame con el sentimiento de que les falta un pariente. Desde el pasado trece de noviembre van ya once parientes menos.

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