Los Acuerdos de Abraham, lejos de traer la paz a un Marruecos inmerso en una sucesión de crisis diplomáticas.


Por Salem Mohamed /ECS 

Madrid (ECS). - El impulso político tomado por Marruecos tras la declaración de Trump y la posterior e impotente firma de los acuerdos abrahámicos, que aún esperan desarrollarse plenamente debido a que han quedado supeditados al internacionalmente rechazado reconocimiento 'trumpista' de la supuesta soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, han causado un estado de histeria colectiva en la diplomacia alauita, que ha iniciado frentes contra todo aquel que se ha opuesto a violar la legitimidad internacional y seguir la línea de Trump de admitir peligrosamente la adquisición de territorios por la fuerza. 

Ahora, con un panorama bastante inflamable debido al ulterior, y no deseado, desarrollo de los acontecimientos en el expediente saharaui, Marruecos sigue tensando la cuerda incumpliendo el acuerdo de asociación con la UE denunciado por colectivos europeos, y acaba de demostrarse que espía a periodistas y líderes políticos de países aliados como España y Francia, incluso Mohamed VI y Abdellatif El Hammouchi, líder de los servicios secretos marroquíes, aparecían como objetivos del espionaje, ¿se espía el régimen a sí mismo o son fuentes de desconfianza e inseguridad?

Esto refleja en cierta medida el estado de confusión y hostilidad en el que se lo encuentra el aparato estatal marroquí y explica a grandes rasgos la actitud beligerante de estos últimos meses impropia de la diplomacia de un estado soberano en el siglo XXI: Uso de la inmigración irregular, chantaje económico, retirada de embajadores de países, congelación de la cooperación bilateral y declaraciones amenazantes. 

Evidentemente, estamos ante la triada de signos que presagian un desastre político; hostilidad, ofuscación y confusión, además de la carencia de una clara estrategia diplomática para el Sáhara Occidental, que consta en su mayor caso de concesiones monetarias o materiales a cambio del silencio o calcar la estrategia del Frente Polisario -exponer moralmente al adversario- y desarrollarla contra el movimiento de liberación. Otro ejemplo de su confusión, ya que es el estado marroquí el que no permite la entrada de Amnistía Internacional, Cruz Roja Internacional o de un mecanismo que supervise los derechos humanos en los territorios ocupados cuando sí han podido visitar y realizar sus labores con plena libertad en los campamentos de refugiados y territorios liberados, además de otras objeciones a su moralidad, si es que alguna vez tuvo. 

De la crisis al control de daños; Manejando el escenario.

Las dos últimas declaraciones públicas de la Administración Biden (oportunidad); a saber; Ned Price, portavoz de la Casa Blanca que aseveró: "existen unas diferencias muy importantes y profundas" hacia la región del Magreb respecto a las políticas de la Administración actual en comparación con las del expresidente, Donald Trump, en lo que incluye, de forma general, el Sáhara Occidental. Ahora, el Subsecretario de Estado de EE.UU reconoce formalmente desde Rabat al Sáhara Occidental como país distinto y separado de Marruecos en lo que demuestra las dimensiones del fracaso y desgaste de la diplomacia marroquí que han resultado en vano.

Tras el inútil desgaste diplomático que no ha servido más que para degradar la imagen de Marruecos y poner en la palestra la ocupación del Sáhara Occidental, en su reciente discurso por el aniversario de la llegada al trono, el rey alauita ensalzó a la vecina Argelia, ha retomado el diálogo con España y al momento de escribir este artículo, están revisando sus enteras relaciones bilaterales. Esto podría leerse en clave de distensión no con el objetivo de una paz duradera que conlleve a la descolonización del Sáhara Occidental sino para evitar remover el avispero sobre una cuestión que sabe que le supera y de paso mitigar la tensa rivalidad con los países vecinos. Las palabras de Mohamed VI son un mero ejercicio de relaciones públicas. Antes de exigir ''buena vecindad'' y ''diálogo'' hay que centrarse en las razones que lo impiden. Marruecos, según qué país, vincula y desvincula a su antojo la cuestión del Sáhara Occidental al desarrollo de las relaciones diplomáticas. 

No obstante, el enfrentamiento no es opción para un régimen que vincula la invasión a su existencia y considera enemigo a todo aquel que exija el derecho de autodeterminación para el pueblo saharaui como dicta la legalidad internacional. Tras un estrepitoso fracaso intentando imponer la soberanía sobre el Sáhara Occidental, Marruecos pasa al plan B; recurrir a Israel, otro síntoma de su debilidad y acorralamiento. De exigir la soberanía sobre el Sáhara Occidental a conformarse con que el estado hebreo acceda el pasado mes a la Unión Africana como miembro observador y junto a Rabat, miembro desde 2017, sobornen a una serie de países en una reunión en Accra (Ghana) promoviendo la expulsión de uno de los miembros fundadores, la República Saharaui. Esta descabellada idea solo puede ser producto de la confusión majzeniana entre política interna y externa, pretender que salga adelante para allanar el terreno de su agenda expansionista, es un loable esfuerzo de credulidad.

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