Un Estado sin miras al futuro.

Por Alberto Maestre Fuentes /Doctor en Historia y autor del libro "Un pueblo abandonado".

OPINIÓN


Durante mis frecuentes conferencias y ponencias sobre el Sáhara Occidental me he encontrado, en más de una ocasión, reacciones de ciudadanos españoles que al principio me sorprendían enormemente, por sus posturas contrarias a que los gobiernos de España se implicaran en la resolución del conflicto saharaui.

Las razones que esgrimen, siempre tienen en el fondo el mismo razonamiento. ¿Por qué debemos implicarnos en este problema, que ya no es el nuestro y perjudicar nuestras “buenas” relaciones con Marruecos? “Es una cuestión entre moros y allá ellos”.

También, es común apelar a que no se está dispuesto a que los impuestos se destinen, ni siquiera un porcentaje mínimo a esta cuestión, puesto que el Sáhara Occidental se ve como algo ajeno y un gasto totalmente innecesario y superfluo. 

Que equivocados están. 

Invertir en el Sáhara Occidental sería para los intereses españoles la mejor opción que podría adoptar hasta este momento.

Sólo pensando en términos económicos, tener un estado aliado africano y dentro de la órbita de países hispanohablantes, aportaría grandes beneficios a España que compensaría, con creces, lo invertido en él.

Hay que estar abierto a miras más profundas e ir más allá.

Además de tener una deuda moral con los saharauis que hasta 1975 eran considerados españoles, a todos los efectos y, literalmente los regalamos a los marroquíes y mauritanos, obviando, descaradamente nuestros compromisos adquiridos ante la comunidad internacional, hay otros factores que se deberían tener en cuenta.

Siempre he apelado a que España, modifique la posición adoptada con respecto al Sahara Occidental, ya no sólo por motivos de decencia e higiene democrática, que lo son, sino por sus propios intereses.

Por ello es esencial que denuncie, una vez por todas, los “Acuerdos de Madrid” y reconozca y establezca relaciones diplomáticas, económicas y militares, con la República Árabe Saharaui Democrática.

Para este grupo de personas citadas anteriormente, esto les parece un riesgo innecesario que sólo llevará a más conflictos con los “amigos” marroquíes y a un gasto para las arcas públicas españolas inaceptable.

El problema es que no lo miran desde una óptica avanzada. Son cortos de miras, como los gobiernos españoles que han tratado estos 45 años el asunto saharaui.

¿Qué representaría para España tener un estado aliado cerca de las costas de las islas Canarias?

Para empezar el chantaje constante marroquí que hace con la inmigración ilegal dejando que partan miles de cayucos desde las costas del Sáhara Occidental ocupado, dejaría de existir. Primer beneficio para la economía española. Es obvio. Los miles de euros que el Estado español se gasta en alojar, repatriar o ubicar a estos inmigrantes por la península, serían ahorrados y podrían ser invertidos en otros asuntos que beneficiaran a la población española.

Tener un país árabe que promueve el idioma castellano y lo hace cooficial también provocaría un flujo importante de profesionales, empresas que enriquecería a ambos estados, además de la importancia que daría, aún más, a nivel internacional nuestro idioma. 

No como hace Marruecos que lo desprecia y ha aniquilado el castellano en las zonas que controla saharauis y, además, para más humillación del honor patrio, lo ha sustituido por el francés. Que cosas. Silencio y no molestar al “amigo” marroquí.

Tener un estado aliado y amigo al sur de Marruecos provocaría que las cédulas terroristas tuvieran más dificultades en moverse y atentar contra intereses españoles.

Además, las ansias anexionistas marroquíes, se verían atenuadas y les sería más difícil seguir con sus proyectos anexionistas sobre Ceuta y Melilla.

Hay muchas empresas españolas en Marruecos, pero eso sería insignificante con el flujo económico que podría haber con el Sáhara Occidental.

España no puede estar siempre a la merced de los caprichos y chantajes de Marruecos. Este le resta credibilidad y prestigio en la escena internacional.

El primer paso de España para revertir su postura, antes de todo, es de dejar de vender armas a sus “amigos” marroquíes.

No se puede armar a un país que a la mínima no oculta sus pretensiones de debilitarte y humillarte constantemente. Es elemental.

Ya sabemos que hay intereses “reales” ocultos y muchos intereses políticos privados, para que esta relación no se invierta, pero no hay otra solución.

Pero para ello hay que ser valiente y asumir responsabilidades. 

Comportarse como un Estado que vela por sus intereses.

Mientras tanto la situación empeora.

Los saharauis han vuelto a las armas y otros actores intervendrán y esta zona del norte de África puede estallar en cualquier momento.

España no puede seguir con es visión simplista pues va en contra de sus intereses más básicos como Estado.

Para nuestra tranquilidad, también es verdad, que las personas que defienden esta postura de no implicación en el conflicto saharaui, suelen tener unos patrones bien determinados. Son conservadores y nacionalistas españoles. Lo que es una contradicción total.

Si fueran tan españolistas, como presumen día y noche, querrían que su país fuera fuerte y un actor de primer orden en la escena internacional.

Realmente con este tipo de personas no vale razonamiento alguno, pues, en raras ocasiones, suelen salirse de este guion.

También hay que señalar que, evidentemente, la mayoría de este grupo es poco letrada.

No es tarde y España todavía está a tiempo de implicarse de verdad y actuar ya, aunque sólo sea para salvaguardar sus propios intereses, pero para ello falta valentía y hacer política en letras mayúsculas. ¿Lo hará?

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