✍🏼 OPINIÓN | La razón, la legalidad y la verdad están de nuestra parte.



ECS/Abdelaziz Mohamed Said.

En el Sáhara Occidental volvemos al pasado, pero como siempre, no se vuelve de forma abrupta sino paulatina. Necesita un tiempo más o menos corto para rodar y que su engranaje vuelva a acoplar sus diversos elementos para que funcionan conjuntamente y de forma coordinada. Esto es la guerra. Esto es lo que vivimos desde ese fatídico día, según desde qué perspectiva es valorado, viernes 13N. 

No hay retroceso, ni retraso, ni prisa, todo seguirá su cauce trágico donde, por desgracia para el que no esté preparado, será pasto de fuego, plomo y destrucción. Indudablemente ninguna parte estará exenta de pérdidas; pero una de ellas, espero con todo corazón y partiendo de nuestra lógica y experiencia en la anterior guerra que no será la nuestra, es la que más se resentirá. Justo aquella que no se acople al movimiento óptimo, escoja el mejor espacio y elija el tiempo adecuado. Las batallas exigen la concatenación de estos tres elementos, envueltos en uno primordial, elemental e imprescindible: la voluntad de sacrificio, de lucha y de vencer.

Dicho esto, queda solo adivinar y anticiparse a los próximos pasos que el enemigo quisiera dar, saber los puntos donde se apoya (logística, abastecimiento, rutas...), que en muchas ocasiones no coinciden plenamente con sus puntos fuertes y atacar para desestabilizar y someter.


Se sabe de la importancia del factor experiencia derivada de la observación, la participación o la vivencia de sucesos parecidos, combinada con el conocimiento. Ese mestizaje entre conocimiento que aporta qué hacer y experiencia que indica cómo hacerlo, ensambla, articula y facilita el traspaso de ambos componentes entre diferentes generaciones en el campo de batalla, y ésto es exactamente lo que aportaremos como elemento de cualidad a esta segunda guerra de liberación contra un enemigo que dispone de una gran maquinaria de guerra disgregada, no lubricada y que su elemento principal, los soldados, son contratos para una misión que no están dispuestos a cumplir: morir matando.

Otro factor a agregar, a este entramado de estira y afloja, no menos importante es la paciencia. No hay que precipitarse y tampoco llegar tarde. Esta experiencia de casi treinta años de paciencia y generosidad que dimos a favor de la paz, al Consejo de Seguridad y al enemigo a cambio de un sólo día para expresar con libertad lo que queríamos ser, de acuerdo con lo que dictan las resoluciones de las Naciones Unidas y que por intereses de ciertas potencias destacando a Francia con ayuda necesaria de España se nos ha denegado. Hoy sabemos que con esa misma paciencia supimos conducir, en El Guerguerat, a nuestro enemigo al error, a la mala valoración y a la aventura.

La paciencia de todos nosotros, hoy también, ayuda a que todos los objetivos puedan planificarse con una valoración próxima a la objetividad y sin presiones.

A partir de aquí tenemos que dejar el tiempo hacer su función de poner cada cual en su sitio. Como en ese pasado próximo que unos quisieron tergiversar y apoderarse de nuestras victorias conquistadas por nuestra dedicación, sacrificio y valentía en un campo donde la verdad y sólo la verdad tiene valor. Donde las victorias no se compran ni se venden, sólo se conquistan.

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