Marruecos: Una potencia ocupante exigiendo cómo debe ser el proceso de descolonización del territorio que ocupa.


Por Salem Mohamed /ECS 

Sáhara Occidental: ¿La guerra que pudo evitar la ONU o la ONU evitó la guerra a Marruecos?

Desde el 13 de Noviembre de 2020, las fuerzas armadas de la RASD libran una guerra contra las fuerzas de ocupación marroquíes después de que violaran el alto el fuego lanzando una operación militar contra civiles saharauis indefensos en los territorios liberados de la RASD. A pesar de que no es la única violación del alto el fuego, este ataque en El Guerguerat fue la gota que colmó el vaso que llevaba llenándose 30 años a ojos de la ONU, que se centro más en defender los intereses de las potencias del Consejo de Seguridad que los principios en los que basa su razón de ser como organización internacional. 

La pasividad de la ONU cruzó límites rojos cuando, aún días antes de estallar la guerra, el Frente Polisario y su Secretario General enviaron varias cartas tanto al Consejo de Seguridad como al Secretario General de la ONU en vista de la escalada y las intenciones marroquíes, alertando de las más que probables consecuencias. Éstas cartas fueron holgadamente ignoradas pero no por ello se acabaron cumpliendo. La táctica de ignorar cómo método disuasorio para restarle importancia a las advertencias del Polisario no funcionó esta vez y en sus manos está evitar un peor desenlace para toda la región.

Un Polisario que pecó de credulidad en 1991, pero también víctima de su buena voluntad, honradez y honestidad para alcanzar una solución a la descolonización del Sáhara Occidental según la resolución 1514 que prevé la ONU para descolonizar territorios, esto es; otorgar el derecho a la libre autodeterminación a la población para traspasarles el poder, negando cualquier represión o imposición de condiciones. Cuestiones que Marruecos violó, incumplió y se atreve decididamente a rechazarlas. Llegando a proponer como realista una solución que legitima la anexión militar

Incluso el Polisario habiendo dado concesiones dolorosas en las negociaciones, Marruecos no quiso aceptar. Cedió en aras de pacificar el conflicto aceptando las condiciones del Plan Baker en 2003, pero Marruecos seguía y sigue empecinado en introducir su interés nacional como elemento en torno al cual debe basarse la solución. Una potencia ocupante exigiendo cómo debe ser el proceso de descolonización del territorio que ocupa es esperpéntico, permitirlo es aberrante. El comportamiento de la ONU con Marruecos es vergonzoso. 


El hecho de no formar parte de un conflicto otorga cierto grado de neutralidad que permite analizar los hechos objetivamente y sin sesgos, sin embargo la ONU hace un tratamiento favorito y en línea con el estado ocupante, el Reino de Marruecos. Adoptar como política diplomática ignorar a una de las partes del conflicto la cual está apoyada por el derecho internacional y por sentencias de la misma organización que la ignora, es cuando menos un revés a su credibilidad y a los principios que propugna. A no ser que la estrategia de la ONU se base en lograr que el pueblo saharaui se resigne con el paso del tiempo, asunto que está sobradamente comprobado que no es así.

ONU mantiene una posición contraproducente; si bien es cierto que ha mantenido su posición firme en cuanto retórica, que no práctica, lo que le ha granjeado varios enfrentamientos con Marruecos, no obstante el problema de esto es que la firmeza de su discurso es completamente contrapuesta a su papel en el terreno, por lo tanto su posición es contraproducente, convirtiendo sus prórrogas en meras extensiones técnicas del conflicto. Su utilidad como órgano que vela por la paz y seguridad internacionales ha quedado insidiosamente contraria a los valores y principios sobre y por los que se creó. La no imposición de la solución (2003) a Marruecos cuando el Frente Polisario la aceptó aún cuando implicaba ceder, es una de las mayores incógnitas de este conflicto. La pasividad de esta organización frente a las tácticas dilatorias de Marruecos ha perjudicado en doble sentido al pueblo saharaui; por un lado ha mermado su credibilidad y reputación ante ellos, y por el otro permitió al ocupante consolidar su expansión mediante la política de hechos consumados. 

Es difícil de explicar cómo Marruecos ha esquivado a la ONU y al derecho internacional desde el primer plan de 1975 (Plan de Waldheim) hasta nuestros días. Estancado además un conflicto que le ha causado ostracismo continental y tensiones regionales. A pesar de todo esto, la ONU sigue sin ver como el estado marroquí actúa violando todas las leyes en detrimento de sus países vecinos, bloqueando el pleno desarrollo de la región del Maghreb con un estado saharaui independiente, con amplias relaciones bilaterales con todos sus vecinos y con hechos demostrables en beneficio de la seguridad regional.

Declaraciones frecuentes, resoluciones repetitivas, reuniones, posicionamientos...sin efecto alguno sobre el terreno. La ONU ha reconvertido su papel a mero espectador con carácter opinólogo, engañándose a sí misma y revelando su propia impotencia práctica.

Por ello, de aquí en adelante, cualquier informe, denuncia o declaración que haga la ONU que no sea la de organizar un referéndum, debe leerse en clave de retraso, ya que solo prolonga la duración del conflicto y todas las anomalías que se derivan de el. Esto no es opinión, es fáctico y lo peor, es que está documentado en sus propias resoluciones. En la última resolución del 30 de Octubre de 2020, casi dos semanas antes de estallar la guerra, en la que prorrogaron la MINURSO por un año, no enfatizaron en el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, factor exclusivo y determinante en la génesis del conflicto. Con un lenguaje renovado y envolvente pretendían suprimir un derecho por el cual ellos mismos votaron a favor, lo que es un golpe bajo a su rigor y justifica en gran medida las razones de los saharauis para no creer en esta misión que ha acabado por ser una expedición vacacional para sus variados contingentes.

Es hora de que el pueblo saharaui deje de celebrar resoluciones y comience a celebrar la aplicación de los dispuesto en dichas resoluciones. Es la mejor opción para ambos, la mejor para la estabilidad de la región y la de varios países en el sur de Europa que se mantienen callados apoyando implícitamente al régimen marroquí, pero que por imperativos de seguridad nacional se verán obligados a intervenir. A este respecto cabe señalar que el Frente Polisario vincula el fin de la guerra con la celebración de un referéndum de autodeterminación, esto es; cumplir la legalidad internacional. No hay más, falta que la ONU lo ordene y Marruecos lo acepte, pero antes que nada falta voluntad política, esa que tanto escasea por los ambientes de la MINURSO y todo lo relacionado con la cuestión del Sáhara Occidental.

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