EE.UU extrajo de Marruecos una victoria diplomática con Israel a través de un simple tuit.

Por Salem Mohamed /ECS 


Tras la decisión de Trump a través de un tuit de reconocer la soberanía marroquí de partes del Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos formalizase sus relaciones con Israel, un movimiento por el cual Marruecos se sintió respaldado y apoyado, y que desencadenó el rechazo unánime de la comunidad internacional

Marruecos, autopromocionándose como el primer país en reconocer la independencia de Estados Unidos en 1777, hizo ver el reconocimiento como un favor de vuelta y suplicó a otros países hacer lo mismo, sin embargo no le siguió ni un solo país. Incluso Francia, portavoz de los intereses marroquíes en Europa y en el Consejo de Seguridad de la ONU, no pudo hacer nada al respecto ni seguir la línea del ex presidente americano, ni siquiera algunas de las monarquías del Golfo se atrevieron a apoyar a su amigo Mohamed VI.

El reconocimiento ilegal incluía la adopción de una embajada estadounidense en El Aaiún ocupado y el financiamiento de proyectos de inversión, no obstante, ninguna de estas concesiones se han efectuado. El supuesto consulado ha pasado a ser una ''oficina virtual'' y el financiamiento se mantiene congelado desde que Biden llegó a la Casa Blanca. Es de destacar también que el reconocimiento no ha sido institucionalizado, pues no hubo ningún acto ni instrumento legal en el que basar la decisión ilegal. 

EE.UU extrajo de Marruecos una victoria diplomática con Israel a través de un simple tuit.


Por otro lado, el susodicho tuit de Trump puso a la causa saharaui en la cima de las noticias internacionales por varios días, provocando el cierre en filas de la comunidad internacional en torno a las mismas exigencias que el Frente POLISARIO, estimulando y dando un plus a la diplomacia saharaui, que logró capitalizar los apoyos y articular un mensaje único y estridente basado en la legalidad internacional.

La imprudencia de Trump.

La acción de Trump trajo consigo grandes dosis de mala reputación, aunque para la mayoría de países quedará como una decisión de Trump y no del gobierno de los EE.UU, ya que contó con el rechazo de ambos partidos estadounidenses, incluso acérrimos congresistas a favor de Israel no vieron con buenos ojos el giro trumpista y exigieron revocarlo o modificar sus términos. Una carta firmada por 25 senadores instó a Biden a desestimar el reconocimiento de la soberanía marroquí del Sáhara OccidentalLa impopularidad de Mohamed VI y Marruecos creció en el mundo árabe y en África y puede desencadenar represalias diplomáticas de otros países por haber traicionado a la causa palestina y vendido la causa saharaui a cambio de establecer lazos con la entidad sionista de Israel. Respecto a sus ciudadanos, la normalización de lazos la vieron como un intercambio de favores geopolíticos, esto es; ''Si legitimas mi ocupación, legitimo la tuya,'' Sin embargo ocurre que, la causa palestina es sensible en el mundo árabe, y Mohamed VI es consciente de esto y teme a los movimientos radicales y pro islamistas que puedan surgir en el interior del país, aunque de momento el Majzen prefiere guardar silencio y controlar, a pasar vergüenza. 

El Sáhara Occidental no supone un problema para los EE.UU, asunto diferente es que Marruecos y Mohamed VI incluyan la ocupación del Sáhara Occidental como condición sine qua non de su estabilidad política y solidez monárquica, lo que revela que la maniobra geopolítica no es más que un favor personal de Trump a un aliado en problemas como Mohamed VI, que a su vez hace de la reversión una tarea aún más sencilla. 

Biden ha superado ya los tres meses días como presidente de los EE.UU y el tema del Sáhara Occidental, como era de esperar, no se encuentra en sus prioridades al considerarlo un conflicto regional de intensidad menor y porque afecta a uno de sus socios. Todas las preguntas realizadas a su equipo han sido desviadas bajo un ''No tenemos ninguna actualización sobre ese asunto'' aunque reconocen que todas las decisiones de Trump están siendo revisadas. Biden sabe que no puede callar por mucho tiempo ya que se enfrenta a un aislamiento diplomático en un momento en el que ha prometido que Estados Unidos volverá a la multilateralidad y el respeto por las resoluciones de la ONU. Girar hacia los deseos de Marruecos dejará a Biden en peor posición que Trump, además de que causaría el enojo de los saharauis, que se movilizarían aún más recrudeciendo la guerra. También tendrá que tener en cuenta el enfado de sus aliados en África, ya que la organización regional que aúna a todos los países se posicionó a favor del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, tratando el tema como una cuestión de descolonización.

Un país que mantiene tensiones con todos sus vecinos regionales no puede seguir actuando unilateralmente en detrimento del potencial desarrollo del Maghreb con un estado saharaui independiente.

Al oficializarse el acuerdo, éste no gozó de la misma trascendencia que los demás -UAE, Sudán, Bahréin-, el mismo Bourita señaló para enfriar el ambiente: ''Desde nuestra perspectiva, no estamos hablando de normalización porque las relaciones ya eran normales.'' Dejando en entrever que la cuestión saharaui era el verdadero fondo de la normalización. Luego, si Biden revierte la decisión de Trump, ésta no debería afectar en lo mínimo a las relaciones israelo-marroquíes, sea lo que fuere, es muy útil para el chantaje diplomático. Pero si Biden no la revierte, ¿cómo podrá conjugar su posición de que Crimea está invadida y el Sáhara Occidental no? Aceptarlo implicaría conceder argumentos a uno de sus grandes rivales y una bofetada a Europa, África y a la ONU. Esta es una de las mayores bazas del conflicto saharaui, que puede hacer tambalear las alianzas y bloques regionales.

La facilidad o dificultad en la tarea de revocarlo depende en gran medida de la perspectiva con la que lo miren en Washington. Al final, el fondo de cualquier desencuentro político que atañe a la causa saharaui nos lleva inevitablemente al ámbito legislativo, porque es simple y llanamente una cuestión de aplicación del derecho internacional contra la dudosa voluntad de los gobernantes mundiales, aunque para eso se supone que está la ONU, se supone y se sigue suponiendo.

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