✍ūüŹľ AN√ĀLISIS | ¿Por qu√© el r√©gimen de Mohamed VI sigue amenazado por una revuelta social?


Han pasado diez a√Īos desde el inicio de las protestas lideradas por el Movimiento 20 de Febrero en Marruecos. Como un f√©nix, podr√≠a resurgir de sus cenizas para sacudir un r√©gimen pol√≠ticamente fr√°gil. 

ECS/MEE. Madrid | Por S.M.

En 2011, el reino de Marruecos se vio sacudido por una ola de protestas a ra√≠z de la Primavera √Ārabe. Los manifestantes pidieron el fin del autoritarismo y el establecimiento de un sistema democr√°tico capaz de garantizar plenamente los derechos y libertades de los ciudadanos.

Liderado principalmente por activistas apartidistas, en su mayor√≠a j√≥venes sedientos de modernidad, el Movimiento 20 de Febrero (M20F) hab√≠a roto el silencio ensordecedor de una poblaci√≥n fagocitada, durante mucho tiempo, por un Estado centralizador que intenta reconectarse con el planteamiento estatal del "Completamente seguro", adoptado durante los "a√Īos de plomo" durante el reinado desp√≥tico del rey Hassan II.

En un contexto de crisis pand√©mica, los partidarios ac√©rrimos del M20F han intentado en vano celebrar el aniversario de este movimiento. Pero all√≠ estaba la polic√≠a, dispuesta a enfrentarse a decenas de manifestantes que no ten√≠an posibilidades frente a un impresionante sistema de seguridad, reforzado por medidas restrictivas vinculadas al estado de emergencia sanitaria. 

Del lado del poder oficial, cada vez m√°s febril ante cualquier forma de protesta, el Reino se presenta como un remanso de paz y libertad donde las reformas pol√≠ticas, econ√≥micas y sociales llevadas a cabo por la monarqu√≠a est√°n en pleno apogeo, haciendo de Marruecos un "modelo" a seguir en la regi√≥n. De hecho, la propaganda medi√°tica, a menudo transmitida por pseudointelectuales de servicio, no pierde la oportunidad de destacar los "grandes proyectos" lanzados por el r√©gimen, comenzando por las infraestructuras urbanas, cuando bastaba con unas pocas horas de lluvia para inundar las calles del pa√≠s y cortar varias ciudades del reino, como recientemente ocurri√≥ en Casablanca. 

Para disgusto de la poblaci√≥n, la capital econ√≥mica se transform√≥ en poco tiempo en una piscina de tama√Īo natural, revelando a plena luz del d√≠a la calamitosa gesti√≥n de la red viaria de la metr√≥poli.

Gérmenes en regiones abiertas.

Peor a√ļn, mientras el discurso oficial habla durante todo el d√≠a sobre la resiliencia de la econom√≠a marroqu√≠ y el atractivo del reino para los inversores, los indicadores socioecon√≥micos est√°n en rojo, como muestra, en particular, la deuda externa que bati√≥ r√©cords, en una econom√≠a plagada de corrupci√≥n, mecenazgo y blanqueo de capitales.

De acuerdo con el √ćndice de Percepci√≥n de la Corrupci√≥n (IPC), en 2020, Marruecos perdi√≥ seis putos en la clasificaci√≥n mundial en comparaci√≥n con 2019, posicion√°ndose en el 80¬ļ lugar en un ranking de 180 pa√≠ses.

Esta alarmante situación podría ser el preludio de una revuelta social que probablemente dará el toque de gracia a un simulacro de estabilidad política que la monarquía está luchando por camuflar por todos los medios posibles a su alcance.

Se podr√≠a argumentar que los esfuerzos del rey Mohamed VI para ocultar la crisis que desgarra al pa√≠s no ser√°n suficientes para evitar el riesgo real de un estallido social, cuyas semillas est√°n en las regiones abiertas, donde la precariedad erosiona a las poblaciones. Numerosos indicadores podr√≠an corroborar este an√°lisis de la situaci√≥n en Marruecos. 

El primer indicador se refiere al deterioro de las condiciones socioecon√≥micas de las poblaciones desfavorecidas. En la ley de finanzas de 2021 se observ√≥ al alza el d√©ficit presupuestario y aument√≥ la deuda estatal del 65% al ​​76% del PIB, superando as√≠ el est√°ndar del 60%, que pone al Reino en n√ļmeros rojos.

Adem√°s, seg√ļn un estudio del Bank al-Maghrib (BAM), publicado a principios de enero de 2021, el sector informal en Marruecos representa el 30% del PIB. Y eso no es todo. Seg√ļn la Organizaci√≥n Internacional del Trabajo (OIT), este mismo sector informal absorbe el 80% de la poblaci√≥n activa en Marruecos.
 
Estas cifras espantosas corren el riesgo de ampliar a√ļn m√°s la brecha de las desigualdades entre ricos y pobres, y aumentar la vulnerabilidad a la tasa de pobreza de las poblaciones que sufren cada vez m√°s la marginaci√≥n y exclusi√≥n social. La tasa de desempleo en Marruecos se acerca ahora al 12%, alcanzando el 31,2% entre los j√≥venes y el 18,5% entre los graduados, seg√ļn cifras oficiales. A la vista de estos datos, la crisis socioecon√≥mica podr√≠a exacerbar la frustraci√≥n social y reavivar la protesta, que ha ido en aumento en los √ļltimos a√Īos.

Hirak RIF.

Después de Hirak el Rif en 2016, la importante movilización de profesores en prácticas y estudiantes de medicina desde 2018, Marruecos se vio sacudido por protestas en Taza y en la ciudad minera de Jerada (noreste) y, muy recientemente, huelgas de estudiantes de escuelas de ingeniería.

Esta situaci√≥n atestigua una fuerte correlaci√≥n entre la actual crisis socioecon√≥mica y el auge de las protestas en el Reino, lo que explica precisamente la firme movilizaci√≥n de la monarqu√≠a para querer anticiparse a los riesgos de implosi√≥n social que les aguardan. 

Ante este impasse, las autoridades no dudan en volver a recetas antiguas, como la que consiste en crear comisiones.

La m√°s reciente es la comisi√≥n asesora especial encargada por el monarca para elaborar un "nuevo modelo de desarrollo". Esta comisi√≥n est√° formada principalmente por fieles cercanos al Palacio Real y su labor escapa a cualquier control del gobierno y m√°s a√ļn del Parlamento.

Una clase pol√≠tica repudiada. 

El segundo indicador que podr√≠a presagiar una revuelta social es inherente al rechazo de la clase pol√≠tica. Adem√°s de la precariedad, los marroqu√≠es, en su mayor√≠a, no dan mucho cr√©dito a la acci√≥n pol√≠tica y menos a√ļn a los pol√≠ticos.

De hecho, seg√ļn los resultados de una encuesta a j√≥venes, realizada por el Alto Comisionado de Planificaci√≥n en 2012, solo el 1% de los j√≥venes marroqu√≠es se afilian a un partido pol√≠tico y el 4% participa en reuniones de partidos o sindicatos.

La confianza entre gobernantes y gobernados se desmorona d√≠a a d√≠a, como lo demuestra acertadamente la tasa de abstenci√≥n de las elecciones legislativas de 2016, que alcanz√≥ un r√©cord del 62%, seg√ļn datos oficiales.

A medida que se acercan las próximas elecciones de 2021, los partidos políticos ciertamente tendrán dificultades para movilizar a los votantes en torno a programas obsoletos que no reflejan las aspiraciones del pueblo.

El clientelismo y el nepotismo contin√ļan afectando a la mayor√≠a de los partidos, que parecen tener dificultades para proponer ofertas electorales que emanan de las necesidades y expectativas de la poblaci√≥n, especialmente entre los j√≥venes de entornos desfavorecidos.

La llegada del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), creado en 2008 por Fouad Ali El Himma, amigo y consejero del rey, solo ha desacreditado a√ļn m√°s a los partidos ante los ojos de los marroqu√≠es, muchos de los cuales todav√≠a se preguntan c√≥mo el PAM logr√≥ imponerse en el √°mbito partidista en tan poco tiempo.

El apoyo apenas declarado que hab√≠an recibido los candidatos con los colores del PAM, en particular de la administraci√≥n central, durante las √ļltimas elecciones legislativas, no ayud√≥ a mejorar la situaci√≥n.

De hecho, el espectro del boicot continuaría flotando sobre las próximas elecciones, con el riesgo real de que la diferencia se amplíe entre poblaciones en apuros y partidos políticos con votantes ausentes.

A ello hay que a√Īadir el intervencionismo del Ministerio del Interior en la remodelaci√≥n del carnet partidista, a juzgar por la adopci√≥n de numerosos textos normativos relacionados con las elecciones, algunos de los cuales reducen el n√ļmero de distritos electorales que adoptan el sistema de listas (votaci√≥n sobre programas) en beneficio de quienes adoptan el sistema uninominal (voto por personas).  

En otro registro, hay que reconocer que la falta de alternativas políticas institucionales para satisfacer las expectativas de los votantes podría así incentivarlos a emprender el camino de la protesta.

La voluntad no declarada del r√©gimen de querer debilitar, e incluso desacreditar, a los partidos pol√≠ticos es sin embargo obvia: el Partido Justicia y Desarrollo (PJD, islamistas) ha sufrido en los √ļltimos a√Īos una campa√Īa orquestada por el estado profundo (el Majz√©n) y sus asociados con el objetivo de debilitar a los partidarios del Islam pol√≠tico institucional.

Como prueba, el pasado 3 de marzo, el Ministerio del Interior, apoyado por partidos, algunos de los cuales pertenecen a la mayor√≠a, impuso una disposici√≥n antidemocr√°tica que revive las pr√°cticas autoritarias de anta√Īo, ligadas al cociente electoral, que ahora basa su c√°lculo para la asignaci√≥n de esca√Īos en el n√ļmero de inscritos y no en el n√ļmero de votos emitidos.

Al votar en contra de este lamentable proyecto, que insulta la inteligencia de los marroqu√≠es, el PJD estima que su aplicaci√≥n le har√° perder al partido unos 25 esca√Īos en la C√°mara de Representantes. Otro intento m√°s del r√©gimen de Mohamed VI de eludir sus "compromisos" de garantizar la liberalizaci√≥n pol√≠tica, como se describe en la constituci√≥n de 2011.

Al atacar a los islamistas legalistas, el gobierno se cree invulnerable. Tanto es así que parece haber olvidado el apoyo dado por casi toda la clase política, empezando por el PJD, a la monarquía alauí, mientras ésta flaqueaba bajo los golpes del M20F.

Como recordatorio, esto fue apoyado principalmente por la asociación Al Adl Wal Ihsane (un movimiento islamista radical con fuertes raíces populares que no reconoce el mando de los creyentes encarnado por el rey y aspira a establecer un modelo califal) y por partidos de izquierda, como el Partido Socialista Unido (PSU), el Partido de Vanguardia Socialista Democrática (PADS), el Congreso Nacional Ettahadi (CNI) y Ennahj Democrati (extrema izquierda).

Ahora bien, si el PJD alguna vez pierde las próximas elecciones, por una razón u otra, lo que todavía parece poco probable dada la sólida base electoral de la que goza el partido en el gobierno, es muy probable que los islamistas se apoderen del poder, comenzando por la juventud del partido (achabiba), y decidan dejar de mostrar su apoyo incondicional al régimen, aunque eso signifique apoyar subrepticiamente las movilizaciones colectivas.

Y esto ocurrir√≠a incluso si el PJD decide integrar una mayor√≠a gubernamental liderada por otro partido supuestamente favorito, el Rally Nacional de Independientes (RNI), liderado por el multimillonario de origen sousi, Aziz Akhannouch. 
 
En este caso, es muy probable que los fr√°giles equilibrios que gobiernan la creaci√≥n de mayor√≠as gubernamentales aceleren el aumento de las protestas en todo el territorio. En ese momento, el r√©gimen de Mohamed VI no podr√° contar con el apoyo inquebrantable del PJD, que se enfrenta a las protestas por proteger la monarqu√≠a. Si este improbable escenario alguna vez se hiciera realidad, el rey se enfrentar√≠a a la gente de Al Adl Wal Ihsane.

Represi√≥n de las libertades. 

El tercer indicador que podr√≠a generar protestas est√° vinculado a la represi√≥n de las libertades. Recordemos aqu√≠ las detenciones arbitrarias y las fuertes sanciones contra los activistas del Hirak, pero tambi√©n contra muchos periodistas cr√≠ticos con el r√©gimen, como Taoufik Bouachrin, Souleiman Raissouni y Omar Radi, entre otros. Recientemente, el r√©gimen de Mohamed VI dio un paso m√°s al decidir encarcelar al acad√©mico y activista de derechos humanos Ma√Ęti Monjib, con la esperanza de sofocar las voces de los intelectuales que se oponen al poder. Para silenciar las voces cr√≠ticas que denuncian el autoritarismo, la injusticia y las desigualdades, el gobierno utiliza todos los medios a su alcance, en particular la cooptaci√≥n de intelectuales y acad√©micos d√≥ciles y patriotas. Estos √ļltimos se despliegan implacablemente para ocupar los medios de comunicaci√≥n para inculcar un discurso un√°nime que alaba la pol√≠tica oficial y aboga por la infalibilidad de la monarqu√≠a.

Muy recientemente, las autoridades decidieron acelerar el proceso llevando a varios magistrados ante la comisión disciplinaria del Consejo Superior de la Autoridad Judicial por haber expresado sus opiniones sobre el funcionamiento de la institución de justicia en el reino.

Adem√°s, hay que recordar que la regla de plomo puesta en marcha por el gobierno se basa en un formidable aparato de seguridad, que tambi√©n ha seguido fortaleci√©ndose en los √ļltimos diez a√Īos, a juzgar por el notable aumento del presupuesto dedicado al Ministerio de Interior (de alrededor de 1,5 a casi 3 mil millones de euros).

Al hacerlo, los marroqu√≠es comienzan a darse cuenta de que el estado profundo est√° tratando de dar un giro preocupante hacia la “total seguridad”. ¿De qu√© otra manera explicar la negativa de las autoridades a autorizar manifestaciones pacifistas? 

Algunos defensores patentes del régimen plantearon la idea de que las manifestaciones pacifistas corren el riesgo de convertirse en manifestaciones masivas que podrían amenazar la estabilidad del país. Otros van más allá blandiendo el espantapájaros de la guerra civil, como lo que está pasando en Siria.

Sin embargo, la represi√≥n de las libertades revela sobre todo una reticencia del poder, que ya no apoya la cr√≠tica y menos a√ļn las movilizaciones colectivas destinadas a denunciar la crisis socioecon√≥mica y el incumplimiento de los derechos humanos.

Finalmente, no podemos ignorar la importancia de la dimensi√≥n identitaria dentro de la sociedad marroqu√≠, como indicador de la estabilidad del r√©gimen vigente. No hace falta decir que cualquier denigraci√≥n pol√≠tica de las identidades locales en favor de un discurso oficial que defienda una identidad nacional homogeneizadora contribuye en √ļltima instancia a avivar las tensiones √©tnico-tribales, llegando incluso a generar conflictos comunales en un contexto de "separatismo".
 
Esto corre el riesgo de socavar el poder soberano del Estado marroquí, que predica la unidad nacional como garante de la paz social. Sin embargo, en la historia de los movimientos de protesta en Marruecos, podemos decir que la opción "separatista" nunca ha estado en la agenda, salvo en el caso del Frente Polisario, que reivindica la justa autodeterminación del pueblo saharaui en el vecino Sáhara Occidental.

En el caso del M20F, la dimensi√≥n identitaria no estaba en la agenda de los manifestantes, incluidos los m√°s radicales, a saber, los partidos de extrema izquierda y el movimiento islamista de Al Adl Wal Ihsane. 

Y en 2016, durante el hirak del Rif, las demandas sociales y políticas no formaban parte de una lógica separatista, contraria a lo que había afirmado torpemente el gobierno liderado por el PJD.

¿Hacia una radicalizaci√≥n de la protesta?

De hecho, los activistas del Hirak habían movilizado marcadores de identidad, como la bandera Amazigh y el idioma Rif, como parte de una estrategia racional para diferenciar una comunidad estigmatizada del régimen y las élites de poder.

Incluso la movilizaci√≥n en torno al Emir Abdelkrim al-Khattabi, fundador de la Rep√ļblica del Rif en 1923, no ten√≠a ambiciones ideol√≥gicas de orden separatista. El repositorio hist√≥rico probablemente se us√≥ con fines utilitarios destinados a impulsar a las multitudes recurriendo a un pasado glorioso compartido por la comunidad del Rif.

Lo mismo ocurre con el uso de la lengua Rif que facilitó la comunicación y la movilización de una comunidad en la que la mayoría no hablaba árabe ni darija (dialecto marroquí).

En cuanto a la bandera bereber, tuvo una funci√≥n simb√≥lica en la medida en que representa la lengua y cultura bereber en todo el norte de √Āfrica, pero tambi√©n y sobre todo la relaci√≥n entre Cielo y Tierra, Hombre y Dios, en lo que parece ser una construcci√≥n m√≠tica destinada a celebrar el coraje y la sabidur√≠a de los amazighs.

Por tanto, fue un error de los pol√≠ticos a cargo del gobierno estigmatizar al Hirak del Rif acus√°ndolo de movimiento "separatista", aunque haya, es cierto, reclamos pol√≠ticos y de identidad que est√°n en las ant√≠podas de la pol√≠tica y el discurso oficial. Por eso, ser√≠a peligroso que el r√©gimen de Mohamed VI contin√ļe su enfrentamiento con los movimientos de protesta social, incluidos los que presentan un registro de identidad a nivel comunitario.

Negarse a perdonar a Ahmed Zefzafi y a los líderes del Hirak y seguir prohibiendo las manifestaciones pacifistas, incluidas las que ponen en primer plano las demandas políticas basadas en la identidad, solo puede contribuir a producir el efecto contrario, a saber, la radicalización de la protesta y el aumento del extremismo por todos lados.

Frente a un poder central que favorece el enfoque de seguridad, los partidos pol√≠ticos, en su mayor√≠a, parecen haber abandonado su papel esencial de frenos y contrapesos. Frente a las √©lites en gran parte resignadas, el camino parece despejado para que pol√≠ticos amargados y corruptos contin√ļen con impunidad para "administrar" los asuntos del estado bajo las garras de un aparato de seguridad que trabaja incansablemente para restringir dr√°sticamente las libertades.

En un contexto de crisis económica pandémica y sin precedentes, el régimen de Mohamed VI descuida el papel de los movimientos sociales como un componente activo dentro de una nueva sociedad civil no instituida.

Sin embargo, en la Constitución de 2011, el legislador le otorgó nuevos poderes en el marco de una democracia participativa. Una forma de contener el descontento social participando en una estrategia de cooptación de actores sociales "desde abajo". Esto podría favorecer el surgimiento de una nueva forma de solidaridad que, a su vez, podría favorecer el surgimiento de nuevas alternativas políticas.

Sin embargo, en realidad, la terquedad del poder para realizar transformaciones "desde arriba" corre el riesgo de generar tensiones sociales y pol√≠ticas capaces de convertirse en una revuelta social que no pronuncia su nombre, cuando menos lo esperar√≠amos. 

Esta revuelta social podr√≠a ser, en √ļltima instancia, la culminaci√≥n de muchos levantamientos espor√°dicos que ciertamente variar√°n en el tiempo, la forma, la frecuencia y la intensidad dependiendo de la contingencia pol√≠tica nacional, pero tambi√©n regional e internacional.

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