Covid-19 y la democracia robada.

Madrid, 11 Agosto de 2020. - (ECSAHARAUI)



Opinión de Louali Ben Taleb/ECS




Un gobierno como tal se concentra en una red de actividades, la actividad de grupo, tendrá su connotación amplia como un “número de individuos con un interés común”, la interacción con diversos grupos habla de la existencia de intereses distintos en un mercado competitivo y desviado.




Mientras los datos epidémicológicos de contagios y muertes por la pandemia, contradicen el Gobierno calificando el COVID-19 como una simple fiebre estacional, algo nunca vivido en un verano en los campamentos de refugiados saharauis, una parte de la élite saharaui, por medio de la fiscalía del Estado, quiere silenciar las discrepancias, con amenazas de persecución por parte de la justicia a periodistas y médicos que opinaron diferente a ellos.




El pueblo habla de democracia desde una estricta perspectiva y un desencanto de la ciudadanía hacia las instituciones del Estado en defisis democrático, agravado en las últimas décadas, influenciado por varios fenomenos, tanto externos como internos, causando una extensa brecha entre la necesidad del ciudadano como ser social, sin dejar al margen los prejuicios hacia sus derechos como ser Individual, y las elecciones de la política económica que se imponen dentro la sociedad.

Se puede resumir que ha habido un golpe de estado institucional, alejando a los ciudadanos de las políticas Institucionales centralizando el poder dominante en pocas manos a beneficio de algunos políticos o grupos sociales, lo cual provoca un deterioro del sistema institucional que se hunde bajo su propio peso.

Expongo ejemplo del fracaso de la situación actual en general en los campamentos de refugiados saharauis: Primero los colegios están sin docentes, los hospitales sin personal sanitario ni medicamentos suficientes para cubrir las necesidades de la ciudadanía, tercero imposición de directivos sin cualificación en la institución sanitaria, provocando huelga de médicos que se han visto amenazados por su acto de rebeldía, así como la desigualdad de oportunidades, dependiendo de la clase social o peso familiar/tribal, provocado por la pérdida de trabajos improvisados por el exilio como necesidad de subsistencia y autodependencia.




Mientras una gran parte de la sociedad : los hijos de los políticos y diplomáticos saharauis, que han logrado estudiar y graduarse como médicos, sin que sus antecesores les preocupa que su actual profesión se debe al engaño del pueblo y el aprovechamiento de sus responsabilidades políticas para lograr fines individuales a costas del sufrimiento del pueblo.

Como consecuencia nuestra sistema político (...) nos hace creer en un liberalismo y libertad individual, mientras en realidad sólo debilita nuestros servicios públicos y ajusta el tejido económico en pocas manos de clase dominante interconectado con el sistema institucional y económico sin ninguna legitimidad política.

Indiscutiblemente la asociación de estos grupos tendrá sus variantes en los diversos procesos de gobierno que encontramos en un nivel diferencial o clasificado.

Otra realidad paralela que hay que tener en cuenta es que las Instituciones en la práctica saharaui no son un espacio neutral, sino un campo de batalla entre los distintas alas o corrientes de forma de multipartidismo invisible dentro de un partido que se disputan cada ex tiempo a víspera de los Congresos del Frente Polisario para controlar de forma fracciónal, o mejor dicho tribal, mientras que la democracia es un simple hecho representativo sin más sentido que las trampas que abarca las letras que componen la palabra (Poder en manos del pueblo) una palabra utopíca.

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