Y la Independencia, qué

Madrid, 07 Febrero de 2020. -(ECSaharaui)







Por MRB.D/ECS



África como proyecto, nuestro continente cuenta con 1.200 millones de personas, 30 millones de Km2 y en el que se habla más de 2.000 lenguas. Se calcula que para finales de siglo habrá unas 4.000 millones de personas. Entre el año 2000 y 2010 creció la economía por encima del 4%; Kenia es el país con más teléfonos del mundo, Nigeria produce más cine que EE.UU. y la industria textil se traslada de Asia a África. iEstas características hacen de nuestro continente una esperanza para los anhelos del pueblo saharaui. Resulta vital la apuesta por la construcción y consolidación de las instituciones políticas que tengan como premisa la superación de los marcos postcoloniales y la creación de identidades colectivas liberadoras y originales, diferentes a los marcos occidentales, que aglutinen en la diversidad integrando las premisas de clase, raza y género. En un contexto postmoderno y postcolonial, la impugnación de las premisas dadas es una afirmación necesaria para la confrontación racional.







En un contexto geopolítico multipolar, si una nación no tiene un núcleo de poder político no es viable plantear ninguna estrategia de emancipación ni política ni económica. Ejemplo de ello es lo desestabilizado de la región por las injerencias extranjeras y la complicidad de sátrapas incompetentes allá donde se mire. Esto evidencia la necesidad de proyección basado en la integración de los pueblos africanos en un proyecto político y económico común, como es el planteamiento fundacional de la Unión Africana.


Entendiendo la complejidad de la geopolítica, condenadas a la realpolitik, uno no puede ir a la guerra con alguien que no tenga una claridad de pensamiento. Por tanto, si hablamos de Panafricanismo estamos hablamos de Kilombismo Cimarrón, que tiene una larga tradición que cuestiona los elementos fundadores de la Conferencia de Berlín. Teniendo presente que el colono hace la historia y sabe que la hace, la historia que escribe no es, pues, la del país al que despoja, sino la historia de su nación en tanto que ésta piratea, viola y hambrea.

En segundo lugar, más allá de la necesaria batalla por la colonización de nuestros anhelos y expectativas, al igual que en el resto de las sociedades, dentro de la misma sociedad saharaui existe un fantasma que debe ser aniquilado. El patriarcado. Es una necesidad incorporar los principios del feminismo como parte indisoluble de la lucha por la liberación, en contraposición de los planteamientos totalitarismo-absolutistas de Estados como el marroquino. Debemos tener el objetivo de ser referencia en desterrar las raíces del patriarcado como arma de los anhelos de justicia de nuestro pueblo, y por la libertad. Sin olvidar que ellas son las que han fundado la sociedad saharaui por lo que no se debe dudar ni un instante en el reconocimiento de todos sus derechos tanto individuales como colectivos. Teniendo como convicción que nuestras hermanas son, deberían ser para todxs, referencia de lucha y ejemplo de liberación, no solo en contexto árabe, sino también en el africano (+LGTBIQ). La lucha debería ir desligada del movimiento (pequeño) burgués (casi) blanco que plantea una batalla cultural, allanándole el terreno a la islamofobia, que tiene como eje de confrontación lo textil y subjetivo, sin atender a las causas objetivas del patriarcado. Tenemos como ejemplo nuestras hermanas de Feminismos Saharauis que plantean nítidamente la emancipación de la mujer como necesidad para la Independencia. Una opción realista para conseguir estos objetivos es la creación de debates con la participación de referentes en la materia, en forma de Congresos feministas y Panafricanistas en los campamentos Tinduf, teniendo como referencia de éxito al FiSahara.

La necesidad de crear modelos propios acompaña estas propuestas, que alejen de nosotros los marcos coloniales que en su monólogo narcisista, la burguesía colonialista, a través de sus universidades, había arraigado profundamente en el espíritu del colonizado que las esencias son eterna. 


Las esencias occidentales, por supuesto. El colonizado acepta lo bien fundado de estas ideas y en un repliegue de su cerebro podría descubrirse en defensor del pedestal grecolatino. Pero durante la lucha de liberación, cuando el colonizado vuelve a estabilizar contacto con su pueblo, ese centinela ficticio se pulveriza. Todos los valores mediterráneos, triunfo del ser humano, de la claridad y la belleza, se convierten en adornos sin vida, ni color. Todos esos argumentos parecen ensambles de palabras muertas, esos valores que parecían ennoblecer el alma se revelan inútiles porque no se refieren al combate concreto que ha emprendido el pueblo. El intelectual colonizado había aprendido de sus maestros que el individuo debe afirmarse. La burguesía colonialista había introducido a martillazos en el espíritu del colonizado la idea de una sociedad de individuos donde cada cual se encierra en su subjetividad. Pero el colonizado que tenga la oportunidad de sumergirse en el pueblo durante la lucha de liberación va a descubrir la falsedad de esas teorías. El hermano, la hermana, el/la camarada son palabras proscritas por la burguesía colonialista porque, para ella, mi hermana es mi cartera, mi camarada mi compinche en una maniobra turbia. El intelectual colonizado asiste, en una especie de acto de fe, a la destrucción de todos los ídolos: el egoísmo, la recriminación orgullosa, la imbecilidad infantil del que siempre quiere decirla la última palabra. Ese intelectual colonizado, atomizado por la cultura colonialista. Para asimilar la cultura del opresor y aventurarse en ella, el colonizado ha tenido que dar garantías. Entre otras, ha tenido que hacer suyas las formas de pensamiento de la burguesía colonial. Esto se comprueba en la ineptitud del intelectual colonizado para dialogar, se comporta objetivamente, en esta etapa como un vulgar oportunista.ii

En tercer lugar, cabe destacar que uno de los peligros fundamentales al que nos enfrentamos es la resignación por la falta de expectativas y el cáncer es la vuelta a los marcos de las sociedades gentilicias que parasita cualquier proyecto político emancipado como el de la RASD. En la obra de L. Morgan, La Sociedad Antigua, este autor diferencia entre sociedades gentilicias y sociedades políticas, donde las primeras son aquellas estructuradas por seres humanos cuyos fines gentilicios son los fines del Estado, siendo sociedades parasitarias a las estructuras estatales y sus intereses divergentes a los del Estado. A día de hoy se pueden encontrar este tipo de sociedades en tres tipos, las religiosas, las multinacionales y por otro lado los nacionalismos (nacionalista es el que pretende un Estado, pero no lo tiene todavía). Estas sociedades gentilicias existen en forma de lobis, determinados grupos, determinadas etnias…Algunos de estos tipos de sociedades gentilicias se disuelven en el Estado una vez reconocidas sus particularidades, como puede ser los gremios o los colectivos. Pero los intereses esenciales no son absolutamente solubles en el Estado, ya que pretenden derechos privados, son feudos.iii

Distinguiendo otros tres tipos de sociedades, ya no gentilicias; las protoestatales, Estatales y Postestatales. Las primeras se denominan también sociedades naturales, que son las previas al Estado, las sociedades de seres humanos no organizadas políticamente, como son las tribus o las fratrias o las filarquías. En cambio, las sociedades políticas son las sociedades donde el ser humano desempeña un papel político, tiene un lugar político reconocido, además estas sociedades se rigen por intereses políticos, institucionales. Aquí encaja la definición del ser humano que da Aristóteles, del ser político como animal capacitado para vivir en la polis. Un ejemplo de estas sociedades protoestatales es el Estado Vaticano ya que se sirve del Estado Italiano.

El desarrollo de esta obra de Lewis Morgan sirve para entender la necesidad de un Estado fuerte, comprendiendo que los problemas y las imposibilidades del Estado para responder a

las demandas de nuestro pueblo conllevan el peligro del desapego con las instituciones legítimas, y con ellos la re-organización en grupos gentilicios e individuos perdidos sin patria ni lugar en el mundo, donde se tiende a confundir las partes esenciales con las partes aditivas y las distintivas de su identidad, tanto individual como colectiva, nadando en el vacío existencial.







A modo de conclusión, es oportuno plantear la necesidad de objetivos y caminos para llegar a ellos. Una propuesta para lograr estos objetivos es la que señala uno de los referentes del panafricanismo, Marcus Garvey, un jamaicano que al entra en contacto con sudaneses en un barrio de Londres se da cuenta de que la única forma de que los negros sean independientes es crear sus propias empresas para su independencia económica. En contexto de la cuarta revolución tecnológica es una ventana de oportunidades únicas para desarrollar empresas en un rad que sirva no solo de empleo para los saharauis allá donde estén, esto se convierte en una necesidad para la superación de la precariedad y la pobreza en la que se encuentra nuestro pueblo. Además, esto también sirve para la creación de centros de poder que permiten la apertura de un nuevo marco de posibilidades. Esto plantea la necesidad de políticas y planes económicos que apoyen la creación, desarrollo y acompañamiento de las empresas y marcas propias. Sería de gran interés la creación de un Instituto saharaui de competitividad de la empresa que fomente y forme dichas actividades económicas.

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i Fuente Cobo, I., (2018). Presente y futuro de Seguridad y Defensa de la Unión Europea. Centro de Estudios de Defensa Nacional (Pag. 39) Recuperado desde: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2018/DIEEET01-2018_Futuro_PCSD_VisionDesdeSur.pdf

ii Fanon, F., (1961). Los condenados de la Tierra, Paría, Francia. Editorial Txalaparta. iii Morgan, L. H., (1877). Sociedad Antigua. Madrid, España. Editorial Endymion

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