"Grandes potencias en el Consejo de Seguridad nos empujan hacia lo inevitable; la guerra"



Madrid, 05 Noviembre de 2019. -(ECSaharaui)







Fatma Mehdi / PassBlue | traducción Lehbib Abdelhay/ECSaharaui.


El Sáhara Occidental es el último territorio colonizado en África, ahora ocupado por Marruecos. El ex asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, John Bolton, trató de resolver este conflicto, pero su partida de la Casa Blanca deja a la deriva el futuro del territorio, afirma el autor [Fatma Mehdi].

La semana pasada se produjo un sorprendente cambio de política por parte de los Estados Unidos con respecto al Sáhara Occidental, pero este cambio repentino no ocupó los titulares de la prensa internacional. ¿Pero que pasó exactamente?.







Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó, por unanimidad, una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental, renovando el mandato de la misión de mantenimiento de la paz de la ONU, Minurso, por 12 meses, la acción significó que las ambiciones de Estados Unidos en el último año y medio para resolver este prolongado conflicto, se hayan agotado.

Este importante cambio se produjo durante la legislatura de John Bolton, el ex asesor de seguridad nacional, que acababa de abandonar la administración Trump, no proporcionando un camino claro para resolver uno de los conflictos más antiguos de África y poner fin al último vestigio del colonialismo en el continente africano.

Antes de la reciente salida de Bolton de la Casa Blanca, la posición que Estados Unidos había replanteado recientemente en el Sáhara Occidental era severa y audaz.

"No puede haber más 'Status quo' como siempre", dijo el embajador adjunto de los Estados Unidos ante la ONU, Jonathan Cohen, después de la votación del año pasado en el Consejo de Seguridad sobre la extensión de la Minurso, cuando Estados Unidos exigió que el mandato de la misión se extendiera por solo seis meses en lugar del término típico de un año.

El Consejo de Seguridad, agrega Cohen, está "decidido a acelerar el proceso político y avanzar más allá del status quo". . . el Consejo de Seguridad no permitirá que Sahara Occidental y la MINURSO se deslicen en las sombras", recalcó.

Sin embargo, eso es precisamente lo que ha sucedido. En mayo pasado, Horst Kohler, ex enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, renunció y una nueva ronda de negociaciones políticas para liberar el Sáhara Occidental no ha sido posible.

En los últimos seis meses, no se ha designado un nuevo enviado. No se han celebrado más conversaciones de paz. Y las demandas de los Estados Unidos de reevaluar la contribución de la Minurso a una solución política se han vuelto inquietantemente silenciosas.

En cambio, el Secretario de Estado de los EE. UU., Mike Pompeo, recibió recientemente al ministro de Asuntos Exteriores marroquí en Washington, sin emitir ninguna declaración sobre el Sáhara Occidental.

Más ominoso, la asesora presidencial de Trump y su hija, Ivanka Trump, visitará a Marruecos esta semana, un viaje que coincide con las celebraciones de la Marcha Verde. El evento anual festeja el aniversario anual de la invasión marroquí en 1975 del Sáhara Occidental, cuando miles de marroquíes marcharon para reclamar el territorio a España. La medida desencadenó el conflicto con el pueblo saharaui, que rechazó los reclamos ilegales marroquíes.







Ahora, tras la adopción de la última resolución sobre la extensión de la Minurso, el Consejo de Seguridad no tendrá que reunirse públicamente sobre el Sáhara Occidental por otro año, y la Secretaría de la ONU no tendrá presión para nombrar un nuevo enviado en el corto plazo. Para los saharauis, está claro que los esfuerzos logrados por la comunidad internacional para garantizar el derecho a la libertad y la autodeterminación de nuestro pueblo han vuelto al status quo.

El Consejo de Seguridad ha perdido influencia vital sobre Marruecos y ha enviado una señal peligrosa al pueblo del Sáhara Occidental: que el proceso diplomático y el cumplimiento de las reglas del juego diplomático no importan.

Como negociadora política para el Frente Polisario, el movimiento de liberación internacionalmente reconocido que representa al pueblo saharaui, participé en ambas rondas de conversaciones de paz ausipiciadas por la ONU en Ginebra, y dirigidas por Kohler.

A lo largo de mi larga carrera como estudiante-activista convertida en política, siempre he defendido una solución política al conflicto del Sáhara Occidental. Como muchos saharauis, siempre he creído que la mejor manera de lograr el objetivo de un Sáhara Occidental libre e independiente es a través de la 'no violencia' y las negociaciones dirigidas por la ONU. Pero el colapso del proceso político, y el fuerte sentimiento de traición que sentimos los saharauis por parte de los miembros del Consejo de Seguridad, cuestiona esta suposición.

Si la paz y la diplomacia no logran nuestros objetivos para nuestra autodetermincion, ¿entonces cuál era el camino?

Si el Consejo de Seguridad cumpliera con sus responsabilidades, el pueblo del Sáhara Occidental no tendría que hacer esta pregunta. Hemos esperado durante casi tres décadas a que la ONU celebre aquél referéndum prometido por la ONU en 1991.

Una generación entera ha nacido y crecido en el exilio. A lo largo de todo esto, hemos negociado constructivamente con cuatro enviados sucesivos de la ONU. Sin embargo, cada uno se ha quejado de que el Consejo de Seguridad no trata el tema con seriedad y que los enviados no recibieron el pleno apoyo político de todos los miembros del máximo órgano de decisión de las Naciones Unidas.

Sin ese respaldo, el próximo enviado será incapaz de generar progreso hacia una solución política. El resultado, me temo, será entonces un posible retorno a las hostilidades, inestabilidad y, tal vez, un colapso del alto el fuego.







Los saharauis no queremos volver a la guerra. Pero no renunciaremos nuestro derecho de decidir libremente sobre nuestro futuro. No nos rendiremos a la ocupación, y no seremos condenados a vivir nuestras vidas como refugiados para siempre.

Después de haber pasado 44 años en campos de refugiados, sé muy bien que la paz debe estar arraigada en la justicia y la dignidad (...). Nosotros los saharauis tendremos nuestra justicia y nuestra libertad, de una forma u otra.

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